lunes, junio 25, 2007

Madredeus, Un simple hasta luego


LOS ASISTENTES a los conciertos que en octubre pasado realizó la banda lisboeta Madredeus en Bogotá y en Medellín, deben considerarse afortunados. No estaba claro en ese momento cuál sería el futuro de los talentosos e intimistas representantes del fado portugués en su forma más evolucionada, luego de 20 años de actividad y tras legar a su público una de las obras más sólidas, melancólicas, sencillas y virtuosas de las que puede jactarse agrupación alguna.

Al final, lo que los rumores hacían ver como una ruptura definitiva terminó siendo un año sabático. Pero el ausente se queda. Y si los admiradores de la banda estaban pendientes de que el abandono no fuera total, mejor noticia no puede haber luego de la aparición en el mercado no de uno, sino de dos productos que, al menos, permitirán soportar un tiempo el silencio de Madredeus.

En principio, a manera de hasta luego, fue lanzado el trabajo Mar, en un formato en el que el conjunto del guitarrista Pedro Ayres Magalhaes y la bella Teresa Salgueiro cambia levemente de nombre por el de Madredeus Ballet. Como lo indica ese bautizo, la agrupación decidió despedirse con un montaje con bailarines. Con ellos, y con un repertorio compuesto en su mayor parte por temas incluidos en sus dos últimos trabajos, Un amor infinito y Faluas do Tejo, la agrupación logra un equilibrio perfecto entre música e imagen, en un espectáculo en el que los cuerpos parecen movidos por el silencio.

Y en medio de una suspensión inminente de la actividad grupal, Teresa Salgueiro, mujer de voz delicada y dulce, lanzó su segundo trabajo solista, que recorre la obra de compositores brasileños como Tom Jobim, Vinicius de Moraes, Chico Buarque y Ary Barroso. La acompañan, en temas más famosos que otros (están Insensates, Samba do Orfeu, A felicidade y 20 temas más), los integrantes del septeto del pianista Joao Cristal. Habrá quienes la prefieran en el fado, pero no se puede negar la disposición natural de la Salgueiro para toda música que signifique saudade.

Está claro que por más que uno se vaya, siempre se queda.

Por Jaime Andrés Monsalve B.
www.cambio.com.co

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